El gato Tú

img_1267

original de María Belén 9 años

 

 

 

 

 

 

El gato Tú estaba perdiendo la pelea. Con sus mostachos apuntaba para todos lados, quería huir pero estaba en una situación sin salida. Tenía que mantener su posición de felino y  saltar por el tragaluz de la pieza,  fuera de la pelea. Sigue leyendo

Desaparecido

img_0072_2

 

 

 

 

 

La noche aún no aclaraba cuando el gendarme lo arrojó en la celda oscura. Los pasos se alejaron y Francisco comprendió que le daban una tregua. Tenía sed, la lengua seca, iba a enloquecer, necesitaba beber agua.
Con esfuerzo levantó su cabeza del suelo, en un rincón de la celda había un recipiente con agua.

Sintió que un hombre lo asió por debajo los brazos y lo arrastró hasta un camastro.

—Tengo sed…

—Deje el agua, con la electricidad que le aplicaron bebe una gota y se va derecho al cielo…

—Tengo sed…

El colchón de paja del camastro olía a suciedad y humedad, Francisco sintió todo su cuerpo adolorido y un dolor punzante en los intestinos. Cerró los ojos y trató de relajarse.

A pesar de no ver a su compañero, creyó que tenía un testigo a quien relatar lo que estaba ocurriendo, no quería desaparecer sin rastro, como tantos otros.

—Me llamo Francisco Huechumanque Gatica, mi mujer se llama Margarita Coyam y vivo cerca del estero El Gato. El veinticinco de junio mi compadre Froilán ayudó a un muchacho herido de bala, una semana más tarde el muchacho se fue con su herida aún vendada, pero antes de irse nos contó que en la mina abandonada, al otro lado del pueblo, habían asesinado a tiros a más de diez campesinos.

Al día siguiente de la partida de este muchacho, mi compadre y yo fuimos a la mina a constatar su historia.  »No nos pudimos acercar, el olor nos producía náuseas, entonces tuvimos la idea de dar a conocer este atropello y nos fuimos al pueblo en busca de un teléfono para llamar al diario local. Pasaron unos días y pensamos que el diario no nos había creído, nada se publicó. Ahí nos quedamos, esperando.

» Después, una tarde, mi compadre vino a avisarme que debíamos escondernos.

»—Váyase usted, compadre, yo no he hecho nada malo, dar a conocer un atropello no es política, es ser humano…

»Él huyó, y  a mí me agarraron,  así que, por favor, cuando usted salga de esta se lo cuenta … Yo no voy a  desaparecer .“

Con el hablar la fuerza se le iba,  pero aun desfalleciendo sintió la necesidad de saber si había sido escuchado.

—¿Me escuchó, amigo? ¿Me escuchó? Oiga, amigo…

Nadie le contestó, iba a volver a insistir pero escuchó los pasos de los guardias volver por el corredor.

Carol Baines.

img_1282

original de mi María Belén, 9 años

Manuel era el guardia del albergue de la iglesia Anglicana donde la joven arrendaba una pieza. Esa noche ella lo saludó al pasar. Manuel admiró el cuerpo esbelto, el pelo rubio de la muchacha y,  como cada vez que la veía, fantaseó tenerla al alcance de su mano. Sigue leyendo

Mi familiar máscara

original de mi nieta de 9 añosoriginal de María Belén, 9 añosCon tus ojos vi la inocencia donde no estaba

y con tu nariz  olí perfume en la podredumbre de las flores.

Fui sorda a la verdad y cubrí el desconsuelo con mi máscara para proteger mi sanidad…