Pandemia

coronavirus,3d render

Mientras las hojas en los árboles aún están verdes, ninguna de ellas ha caído antes de tiempo,  yo yazgo sobre este camastro en el pasillo de un hospital. Estoy  agónico y asustado, desmoronados frente a un patógeno invisible que menoscaba mi salud.

Ayer brindaba por  el éxito de un futuro resguardado por la tecnológica, hoy  he recordado que la sabiduría humana la perdí cuatro mil años atrás a la orilla de dos ríos, poco antes de echar a andar toda esta maquinaría de  mercado.

Imperio tras imperio, mientras más peones tiene el juego más dura la farra  y es más grande es el botín.  Más adinerados unos pocos, tanto más pobre la mayoría.

En este mundo sanitizado me olvidé de los virus  y  son más ciertos que el Dios celestial.

Ahora el virus castiga mi arrogancia, está apoderándose de mis pulmones, llevándose mi  vida.  Pido una tregua, un pequeño espacio para alejarme  y dejarlos pasar, sin irme con ellos.

Secretos

Recuerdo, el aparador hecho en madera de los bosques sureños, imponente en la sencillez del comedor. Sobre una de sus repisas  el jarrón de greda, verde, con ramillete de azucenas blancas, dibujadas en su vientre redondo, espacioso, donde caían pequeñeces que en algún momento sobraban en las manos.   Un adorno intocable de la abuela.

La luz del sol dejaba ver el polvillo sobre la ovalada mesa del comedor que, desde que murió el abuelo, la familia no ocupaba.  A esta pieza se iba como a un museo, a mirar sin tocar nada. La foto de dos jóvenes recién casados colgaba al centro de la pared.

Fue mi hermano menor que acercando una silla para hurguetear volcó el jarrón, al ruido acudieron todos y encima del jarrón roto  una foto que la abuela se precipitó a recoger del suelo.  Muy nerviosa, nos miró angustiada,  casi llorando. Nunca  supimos por qué.

El rosal

 

 

 

 

El aroma del rosal le recordaba  su juventud.

El regreso del sol… le recordaba su cuerpo joven, terso, sus caderas de curvas ligeramente llenas como una rosa abierta al madurar.

La primavera presagiaba una vida buena…  y los  colores y los aromas  preparaban su cerebro  para  amar.

Los pajarillos estaban alborotados  como su corazón al ver pasar a un  muchacho bello.

La espinas del rosal  le recordaba las heridas de la vida  y su sufrir, porque,  la vida es  un papel  liviano, lleno de palabras…algo que está y  le dice,  anciana junto al rosal .

 

 

 

La chica mami

 

 

 

La chica mami, era una niña muy glotona y un día fue con su familia a la pizzería. La cocinera que les conocía les sirvió una enorme pizza; alborotada por tan apetitosa merienda la niña la acercó hacia si y, antes que sus padres se dieran cuenta, le ahincó el diente. – Ay, gritó la pizza y, esquivando otra mordida, se elevó por sobre la niña.

La chica mami muy asustada corrió fuera de la pizzería, pero la pizza fue tras de ella, persiguiéndola. La niña bajó por las escalera mecánicas hasta la calle y la pizza detrás de ella.  Nunca había hecho tanto ejercicio, sus piernas respondían bien y se envalentonó a no dejarse atrapar por la un platillo volador de queso, tomate y chorizos que quería estrellarse contra su cara.

Al sacarle ventaja se detuvo a tomar aliento. ¡Fue sólo un mordisquito! se dijo y volvió a correr porque la pizza se aproximaba.

Volvió a la pizzería a esconderse en los brazos de su madre y para su asombro, la pizza en la mesa la esperaba.

 

 

 

Bandurrias

 

Su amiga Isabel le había encontrado novio , Gladys estuvo encantada y propuso organizar una pequeña reunión de amigos para conocerlo.

Por la mañana del día de la reunión Gladys compró flores para hermosear la sala en la que recibiría a sus amigos .

Por la tarde preparó la merienda, después se entregó a acicalarse y eligió un vestido que fuera con su color de piel.

Al atardecer comenzaron a llegar los amigos, saludos y risas auguraron una noche de alegría y calor humano.

Ya estaban todos reunidos cuando un desconocido se unió al grupo. En la sala Gladys lo vio al lado de Isabel.

Tal cual había acordado con su amiga, Gladys se mantuvo a distancia para observarlo mejor. Tuvo que contar su respiración para calmarse ante la belleza del recién llegado, al final tomó coraje; el momento de la presentación había llegado. Pero, al acercarse, los vio tomarse de la mano, y comprendiendo lo que había pasado, a Gladys la conversación en la sala se le transformó en voces de bandurrias que anunciaban un cambio en el tiempo.

El exhibicionista

 

 

 

Mis ojos captaron la figura en la entrada del edificio de enfrente, era la figura de un hombre que había descubierto mi ojeada al callejón desde mi ventana , dos pisos más arriba. Sosteniendo mi mirada se tocó la entrepierna y luego bajándose los pantalones me mostró un manojo de su carne.

Sucedió a Perla

 

Roberto, de pie por ocho horas en la línea de la fábrica era como cualquier otro obrero. Quien lo conoció en la fábrica de conservas jamás hubiera sospechado lo que aconteció en su hogar; el único recuerdo que dejó entre sus compañeros fue el de una persona con escaso sentido del humor.

Perla, su esposa, Sigue leyendo

Satchmo

 

 

Satchmo

 

 

 

Recuerdo que estaba nublado, un día de junio. Había llovido y las calles de la feria habían cambiado de color café tierra al castaño pues habían esparcido aserrín para evitar que se formara barro.

En el estand de Ferrocarriles mi padre se paseaba inquieto, esperaba que la pequeña radio funcionara y así poder escuchar el partido Chile-Italia.

Yo entraba y salía. A ratos iba a visitar otros estands, me estaba aburriendo con papá, aunque le había rogado me trajera con él a su trabajo.

Había bullicio y mucha gente visitando la feria de ASIVA, estábamos de fiestas porque el país era anfitrión del mundial del 62.

Recuerdo haber visto un espacio diferente a los estands construidos en madera, estaba cubierto por una carpa y desde temprano unos hombres entraban sillas plegables; esto me llamó la atención, pero luego lo olvidé.

Ya cerca de la hora del partido los visitantes se fueron a sus casas, la feria se quedó vacía, quedamos los cuidadores de los estands y yo…

De pronto escuché una trompeta, el sonido provenía desde la carpa… Me dirigí hasta allí y, con un poco de temor de ser descubierta, levanté el pedazo de lona que colgaba suelto…

En el escenario, un hombre imponente, negro y gordo, estaba sentado en un banquillo alto y soplaba con fuerza la trompeta, inflando sus mejillas como nunca lo había visto hacer…

Fue la primera vez que vi a un africano, primera vez que vi una banda, primera vez que escuché jazz, y primera y única vez que vi a Louis Armstrong.

 

La noche antes del poder

La noche está estrellada, huele a vida renovada, a primavera.

Mañana será un día espectacular, todo está sincronizado y las alianzas confirmadas. Cuando me levante caminaré hacia la gloria del poder.

Los caudillos aparecemos en democracia, y al suprimirla pasamos a la historia del mundo.

Seré un dictador, yo, un tipo tan mediocre que el presidente me ha confiado las riendas del ejército por considerarme un mamerto, incapaz de hacer nada más que recibir órdenes. Soy el menos apto, pero el más ambicioso. Él nunca imaginó que mi puesto atraería a los buitres del norte, esos que husmean a la distancia. Ellos olfatearon el descontento de los privilegiados por la chusma desordenada y pueril.

El odio arde  en mi boca.

Para llegar al poder se necesita el discurso, hay que hablar con convencimiento, hay que tener odio en el alma y hay que elegir un grupo a quien difamar y atacar.

Mañana a los humillados de siempre los pisaré como a cucarachas.

Estoy seguro: ni uno de mis soldados me fallará, ni los marinos, ni los aviadores, ni la policía, todos están bien indoctrinados. Les hemos creado un enemigo de la patria y están sedientos por dar la batalla para liberar a este terruño idealizado, este terruño lleno de soldados mistificados, patriotas que lucharon por la libertad, sin que nadie sospeche que lucharon para resguardar los intereses de los terratenientes criollos.

La noche está estrellada y titilan los astros a lo lejos… escribió Neruda, un comunista, un enemigo; hermosas palabras sin contenido… Los poetas son vendedores de aire caliente.

Me quedaré despierto esta noche, vestido de campaña, estoy ansioso por dar el golpe.

Cuando pequeño, en el campo, mataba pajaritos de un hondazo. Tengo fe de que no he perdido mi puntería, voy a derribar a este sistema democrático, voy a darle justo en el punto para que se desplome con efecto dominó.

La historia se repite, la erradicación de rata es algo que debe hacerse de tiempo en tiempo. Las ratas rojas, sí señor, peor que los mismos judíos, ratas que se unen para tomar el sacrificio ajeno y burlarse del empresariado.

Me hierve la sangre saber que han invadidos nuestros barrios, nuestros balnearios, nuestros colegios, ratas, ratas rojas. Quieren arrasar con la diferencia de clase entre los de arriba y los de abajo.

Gracias a Dios, al amanecer estaremos en las calles y ellos en las alcantarillas, escondidos, huidos… Las ovejas retomarán su lugar.

No más tribuna para los intelectuales rojos, ni para los pervertidos homosexuales o las putas sucias. Mañana comenzará el orden, de nuevo.