Oscar

 

 

 

 

Recuerdo  su silencio y

cuando yo me acercaba

salía a recibirme.

 

Mi peineta se enredaba en sus rizos,

y al tirar  supe que los secretos humanos

son difíciles de desanudar

 

Vivió callado y templado,

el medio tono perfecto,

para satisfacer  al mundo exterior que lo rodeaba.

 

 

 

 

 

 

 

 

Mujer

Mujer, lucero milenario,

jirón de luna, aguas de un río,

musgo oscuro de los charcos.

Lagrimas y  combate   rompen  tus cadenas

para elegir solo alados   posarse en tu piel.

Nunca más atornillada a una existencia ajena

El otoño  no destiñe tu vestido y

el invierno te encuentra fuerte.

Espiración

El poeta rasga sus vestidos

por un verso para declamar.

El verso anhelado

está escrito en la corteza del  árbol,

en el lenguaje de  cada Hombre.

El verso buscado

es recitado por  el manantial  y

desatendido en el caos del mundo.

 

Pero  la cerrazón de versos

hunde al poeta en la desesperanza.

Frustrado, sordo, ciego

tira papel tras papel al  tacho.

 

 

 

 

 

Amé

 

 

 

 

 

 

 

Amé la furia y la quietud,

el sol al despuntar,

los pinos a la orilla del camino,

las notas de tu guitarra,

tus besos debajo las sabanas.

 

Tu gastado pantalón,

tu camisa, tus zapatos.

Tuve la lealtad  de tu  perro,

de tu gato la cautela y

de la maleza en tu patio, la persistencia.

 

Y cada  noche

tuve la confianza en un amanecer.

Es cierto, todo eso amé.

 

 

Tú debes  saberlo,

mis días son caminos,

sinuosos o ásperos,

que quieren morir en tus brazos

 

Tú debes  saberlo,

eres mi consuelo en este mundo infiel.

Las horas me las paso esperando

escuchar tus pasos, tus pasos y tu voz.

 

Tú debes  saberlo,

la pasión lleva tu nombre

y, en prenda, mi corazón.

Tú debes  saberlo,

pues es escuchada, hasta por el sordo,

la rogativa de mi voz.

 

No voy a tu funeral

No me avisen que has muerto.

No  me inviten a tu funeral.

Sea como la gente que

se van de mi vida

y me dejan la esperanza que volverán.

Enterrado y llorado es el final.

Si voy a tu funeral

recordaré tu carne muerta,

y  tendré una soledad sin esperanza.

No me avisen de tu muerte

sea tu partida como ese libro en el estante

que hace mucho tiempo no leo.