El dinero

 

 

 

De la mano del dinero

la mirada al mundo

es una trasmisión malévola

de mentes mal intencionadas.

 

El crédito cumple mis sueños y

me refresco los pies en una playa,

a cambio de transpirar para el resto del año.

 

Al regresar a mi casa,

comprada al coste de un palacio,

miro por sobre mi hombro y

veo la subasta de mi alma.

 

A mi puerta, el infierno de otros,

El agua se seca, el desierto avanza,

y la plaga hace estrago.

.

Mi planeta se aleja del sol,

un velo cubre las estrellas,

y el dinero no me suelta.

 

Tengo la nariz contra el suelo y

de mi boca la baba marcando huella,

y el dinero no me suelta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vulnerada

Mujer pobre…

como bosque tras la tala

como montaña agreste.

 

De corazón libre y fuerte

como oleaje del mar y ojos

de resentimiento oscuro.

 

 

La cara surcada por dolor,

y la facha cuestionada

la subyugan a una mala cosecha

 

Luchadora incansable,

buscadora de su propia ilusión:

el espejismo de vivir mejor, algún día.

La soga

 

Colgados a la soga

cual bombilla eléctrica

esperando que alguien

encienda la luz en la pieza.

La soga

nos gira cual péndulo

a los vaivenes del tiempo,

del tiempo de señores

que están muy bien puestos.

 

Romped la soga

y caer de pie en la tierra

como dueños, como libres,

como río que se junta al mar.

El grito

 

 

 

 

 

En las calles el miedo agarra.

Nuestra alma, elegante y sin orejas,

es una extraña de ojos abiertos,

rojos, verdes, ámbar.

Evaporizado del hervor en  las ollas,

intrépido y misterioso,

entró en nuestra sangre,

en el aliento de los comensales.

El estofado de pangolín y murciélago,

quema la garganta y calienta el discernimiento.

En aislamiento, escucho el grito del que huye,

perseguido por las garras de una plaga.