Hijos

 

 

 

Mis hijos conocen mi rostro, piadoso, airado o feliz…

y mi cuerpo pesado, temeroso del mundo.

Pero, cuando la luna  se sobrepone al sol y el día

se vuelve noche,  ellos buscan a tientas mi mano,

como si yo pudiera, en toda mi flaqueza,

empujar la luna para devolverles el sol.

Si yo fuera un pez…

Si yo fuera un pez…

nadaría los mares  profundos,

el mundo imaginado que

dibuja realidad de vida diversa.

Y en los bosques de algas,

donde el sol  pierde su energía,

sentiría,  en mi cuerpo,

el espíritu de las aguas…

Si yo fuera un pez…

en  la oscuridad del origen de la vida

aprendería a escuchar y a esperar

el momento preciso para hablar y contar.

 

 

El éxodo del indio

 

Yo era un río cuando el barco

zarpó del puerto de Palos.

Yo era un un bosque vírgen

cuando a machete se

abrió la senda a éste  lado del mundo.

Yo era un águila o  cóndor,

un halcón peregrino libre.

 

Cuando la coz del caballo

levantó el polvo del camino

yo era un puma bebiendo

entre las peñas del río.

Yo era   mujer  u hombre,

con dignidad y amor.

Cada cacique, su gente

Cada lonco, su parlamento

Cada espíritu, su machi

Cada ave, su vuelo

Cada huemul, su trote

Cada llama, su lana.

 

Cuando el rey desenvainó su espada,

defendí por trescientos años

mi casa entre  peumos y  araucarias,

construida de paja y barro,

a las faldas de volcanes.

 

Cayó el rey de España y

al criollo le entró maña:

colonizó de extranjeros

su propia tierra americana.

Los árboles fueron leña y tabla,

y el halcón peregrino dejó de pasar.

Del vientre de la Pachamama

nacieron híbridos frutos paganos

 

 

El indio perdió sus tierras y

se volvió un  mal tratado peón,

enfermedad y  pobreza los encadenó

al capricho del mestizo o del criollo señor.

Huérfanos de dignidad

huyeron  sin nombre

bajo un nombre en  español.

 

Puerto

   De la mano de la vida,

en la noche del puerto,

dos dan sexo en un callejón,

un gato callejero se detiene a mirar,

levanta la cola, maúlla y se va.

En un bar trasnochado

un marinero pierde la gorra

en los versos de una canción, mientras

el mesero borra  bocas

del  borde de los vasos.

Enardecido de droga y alcohol

un joven saca el puñal y

 la noche del puerto,

custodia  de amores, crimen y olvido,

pierde  el alma de su  luna.

 

Depresión

 

Desde un  rincón cualquiera,

como aguada costera,

lágrimas  empañan tu mirada

al mundo exterior.

En el portal de los escombros

escarbas por piezas perdidas

de un robot feliz  con el que otrora  te acompañabas.

El temor  se sube a tu espalda,  te apega a las tablas,

hueles el polvo rancio de las pisadas,  las sombras

te cubren  como alas extendidas de  un cuervo.

En la garganta el grito y la ayuda  demorar una vida en llegar.