El cuarto azul

 

 

El joven huésped les trajo el hoy a dos mujeres de setenta y tantos años cuyo presente eran los recuerdos del pasados

Arrendó el cuarto azul con vista a la bahía. Catalina la más joven de las  señoras se encargó de prepararle  el desayuno, todas las mañanas.

El joven les dijo que tenía el alma rota y buscaba un lugar tranquilo donde tomar aliento para poder seguir viviendo. Las mujeres se enternecieron con la tristeza del joven, sobretodo Catalina que entre sus canas guardaba energía para  vibrar con la presencia de un hombre joven.

 

Observándola su amiga la advirtió que ese brillo en sus ojos le traería dolor. Tú amaste  en tu vida pero yo, ¿ a quién he amado?, déjame sufrir más tarde que hoy tengo pura alegría.

Mucho sosiego, largas caminatas por la costanera, y la sobremesa con las señoras, fueron subiendo el ánimo al joven.

Y llegó el día en que  la risa coqueta de Catalina, sus deferencias, el rubor de sus mejilla lo hizo maravillarse y sorprendido sintió que la vida le devolvía el encanto a asombrarse, no podía creerlo, la señora Catalina se había enamorado de él…

Cuando el joven se marchó ellas volvieron a su rutina pero, de cierta manera, el enamoramiento de Catalina les acercó el presente.

 

 

 

 

Barriada

 

Bajo el farol de la  calle

la noche se vuelve clara alrededor

y, en las sombras, atisba

de cerca el ladrón,

con el puñal  apretado

en el bolsillo de su pantalón.

Se escucha la patrulla

y a la barriada se le sobresalta el corazón.

Corre en un instante hacia la luz…

Es rápido y es certero para

romperte el armazón y dejarte

mal herido en la calle del farol.

 

Un país de mierda

 

Un sabor amargo me subió desde las entrañas y se me quedó en la boca por el resto de mi vida, había nacido en un país de mierda.  Había nacido atornillado a la ignorancia de los muy pobres y a la arrogancia de los muy ricos, mi vida de adulto sería una constante lucha por sobrevivir.

Metido en el desapego por el bien de social de los ricos, trabajé por maní, como un mono de circo, y esto me volvió   rabioso y violento, en la calle y en el hogar.

Algunos, sin trabajo,  se transformaban en aves de rapiñas, al acecho para robar  a los afortunados, a los que tienen más.

Transpirando mi culo me preguntaba  por los talentos, suponiendo que todos tenemos uno, yo nunca encontré el mío porque por lo general el pobre  no logra saber nunca su potencial… lo único que sabe es que debe juntar unos pesos para comer y para beber o drogarse, sobrevivir y olvidar al mismo tiempo

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