Angustia

 El cielo se iluminaba por la   luz de un rayo que caía a distancia, supongo, en medio del mar.  En la oscuridad de la noche, escuché el toque a mi puerta. Hacia dos días que había oscurecido en mi mundo, la tierra se iba alejando milímetro a milímetro del sol y yo pálida, entumecida, era la única testigo de mi propio fin. 

De nuevo escuché los golpes.  Mi miedo no tenía sentido, ya tenía muy poco que resguardar, quizá sólo unos días más de vida. 

 Abrí la puerta, un hombre viejo entró furtivo a sentarse en el sofá de mi sala. La luz del rayo iluminó su cara y lo vi muy ajado,  delgadísimo y de piel muy blanca…

Soy la Buena Fe, me dijo,  y vengo a quitarte la ilusión. 

Durante 3650 días había mantenido la ilusión, como una planta en el macetero, espera los rayos del sol.

Vi que el hombre miraba la noche por la puerta que había quedado abierta.

Aún tienes ilusión, me dijo burlón,  esa llama que llevas en el cerebro, el anza del sper, estás esperando lo que ya fue,  ¿qué harás?

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