Secretos

Recuerdo, el aparador hecho en madera de los bosques sureños, imponente en la sencillez del comedor. Sobre una de sus repisas  el jarrón de greda, verde, con ramillete de azucenas blancas, dibujadas en su vientre redondo, espacioso, donde caían pequeñeces que en algún momento sobraban en las manos.   Un adorno intocable de la abuela.

La luz del sol dejaba ver el polvillo sobre la ovalada mesa del comedor que, desde que murió el abuelo, la familia no ocupaba.  A esta pieza se iba como a un museo, a mirar sin tocar nada. La foto de dos jóvenes recién casados colgaba al centro de la pared.

Fue mi hermano menor que acercando una silla para hurguetear volcó el jarrón, al ruido acudieron todos y encima del jarrón roto  una foto que la abuela se precipitó a recoger del suelo.  Muy nerviosa, nos miró angustiada,  casi llorando. Nunca  supimos por qué.

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