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El gringo

 

 

 

En las últimas décadas de siglo diecinueve se apacigua  la Araucanía y se reparte la tierra entre colonos europeos y  chilenos.

Mi abuelo, un advenedizo de quizás qué tierras, se casó con mi abuela, hija de un  español que había sido retribuido con   un predio  por  su participación en la guerra de la pacificación.

Colindante a su fundo  estaban las tierras de Schmidt,  un colono alemán.

Al contrario de mi bisabuelo, cuya prosperidad agrícola le fue siempre elusiva , el alemán prosperó de una manera rápida y eficiente En su fundo  se producían las más grandes gavillas,  cargadas con abundantes  granos de  trigo.

A mi abuelo,  ya cerca de los noventa años, aún le motivaba envidia y asombro la  prosperidad  del vecino de su suegro.  Sin embargo, en esos años, a nadie  se le hubiera ocurrido  pensar que la prosperidad del alemán  se debía a los a centenares de indígenas que trabajan de sol a sol   sus tierras, más bien  lo atribuyeron a un pacto  del gringo con el diablo.

El gringo Schmidt  era arrogante y despiadado con sus inquilinos, no solamente los azotaba a la menor falta sino que violaba a sus mujeres a capricho y si un  celoso  indio protestaba iba a parar a la caldera del molino del fundo.

Me contaba mi abuelo  que  durante la estación  de siembras se veía en  sus tierras a un caballero de poncho y sombrero galopar y   esparcir las semillas, día y noche.

Cuando  llegaron los Jesuitas con la escuela e iglesia para los indios, estos se atrevieron a hablar de su maltrato  con los jóvenes hermanos.  Más que justicia humana querían que el dios de los Jesuitas los libera de maligno poder del gringo.

Fue así,  un día entre todos los indios se raptaron al gringo y lo llevaron hasta la iglesia para  exorcizarlo.

A los rezos de los curas respondió un ruido de aves  y rugidos de fieras.

(Y para sobresalto mío, mi abuelo acompañaba su relato con un golpeo en las tablas)

Los diablos, continuó mi abuelo, se azotaban contra el techo de la iglesia , demonios, camaradas del gringo… la cosa duró por  dos días y dos noches  y dicen que si no hubiera sido por la pureza de los curas  los diablos nos hubieran llevado a  todos …Pero una vez limpio el gringo no pudo rehacer su vida, echaba de menos  a sus demonios,  al final buscó un árbol para ahorcarse. Lo encontraron con la lengua afuera, larga y negra, como  un perro cansado.

 

6 pensamientos en “El gringo

  1. Muy bueno, Javi. Me ha encantado ver de repente a la niña (me imagino a la narradora o narrador como una niña) escuchando el relato de su abuelo: (Y para sobresalto mío, mi abuelo acompañaba su relato con un golpeo en las tablas)

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