Australiana

 

 

 

 

 

 

Arribé con una maleta, un par de calzones

cincuenta dólares y brazos jóvenes para trabajar.

Amordazada  y aguzando el oído

para aprender  el habla de gentes extrañas.

 

Sola.

Entre el herbaje  de la naturaleza

mi alma  respiraba y

se fue  moldeando al medio,

naciendo de nuevo en esa tierra.

 

Con el tiempo  llegué a amar  la gran

extensión de tierra llana,

cubierta de acacias.

Navegué ríos turbios y

aspiré el aire húmedo,

impregnado a lagartos,

a emús y a eucaliptos.

Caminé por extensas playas

y por el desierto rojo,

donde  conocí  a la gente  que bajó  del cielo

a los árboles y a los animales, por compañeros.