Isidora poseía una casa grande, la había construido con su trabajo de muchos años y la compartía con su madre de ochenta años, sus hijos, yerno y su nieta que cumplía, este día, un año.

En el salón globos y serpentinas colgaban del techo y en la pared habían fotos de la niña desde el momento en que nació hasta hoy.

Los invitados comenzaron a llegar con sus regalos y sus monadas; la niña lloraba, estaba alterada, molesta por la excesiva atención de que era objeto. Compadecida Isidora se la llevó a su dormitorio, la acomodó en su cama doble y después de unos arrullos la niña se quedó dormida.

En el mientras tanto, Isidora ayudó a su hija a preparar la mesa para servir la torta y cantar el cumpleaños feliz. Cuando todo estuvo listo Isidora regresó al dormitorio por la niña , la pequeña estaba despierta y ella le habló cariñosamente, “te voy a cambiar el pañal y a ponerte bonita para que soples la velita mi niña hermosa; tú te queda quietita, tu abuela va ir a buscar tu ropita”. Y partió a buscar el vestido nuevo y los zapatitos al cuarto de la niña, lo hizo apurada, la niña se podía a caer de la cama.

Al regresar a su pieza, con las prendas , la niña no estaba. “Ya me la sacaron sin arreglar”, pensó.

Dejó la ropa sobre la cama y volvió al salón en busca de su nieta. En el salón su hija y yerno reían y conversaban tal cual unos minutos atrás y su hijo ponía música.   La niña, no estaba con ellos. Isidora se puso nerviosa. Regreso a su dormitorio. “Se metió debajo la cama“, pensó, y en cuatro patas chequeó debajo de la cama. La niña no estaba.

Revisó las ventanas, estaban selladas. ¡Dios mío…! Volvió al salón, todo seguía igual, alegre y festivo; recorrió cada pieza de su casa, nada. Buscó en el patio, nada. De vueltas a su dormitorio, esta vez notó el medio de la cama hundido, al tocar la superficie pudo palpar el cuerpo de la niña.

En ese momento su hija la llamó desde el salón, “mamá, ya estamos listos para que la traigas a la niña”. Isidora se angustió…,qué hacía?

A la puerta de su dormitorio apareció su madre de ochenta años, se afirmó en el marco de la puerta, “la niña sea ido, sólo un hombre la puede traer de vueltas”

“¿Qué?, Isidora la miró atónita.

…
 “Ni tu ni yo podemos hacerlo, sólo un hombre, de su sangre, puede regresarla”.

Isidora pensó que su madre chocheaba. además cómo iba a explicar a su yerno que debía reponer a su hija en el mundo. ¡Qué locura!, volvió a escudriñar debajo su cama, nada. Tocó, otra vez, el hueco al medio de su cama, lo mismo, la niña estaba “invisiblemente“ sobre la cama.

Su madre de ochenta años volvió a repetir, “solo un hombre puede traerla de vuelta”.

Isidora volvió al salón. Su hija ya ponía la velita en la torta y los invitados comentaban que la torta se veía apetitosa.

Como en trance acercó a su hijo, le dijo algo al oído. Su hijo la siguió al dormitorio sin atreverse a cuestionarla , ella estaba desencajada y al borde de la locura. El joven se acercó a la cama y vio a su sobrina sonriente, como siempre.

El hijo miró a su madre sin comprender su aprehensión. –¡Mamá la niña está aquí!, vestirla cuanto antes. Y salió moviendo la cabeza y tirando los ojos al cielo.

Isidora temblorosa comenzó a vestir a la niña.

Su madre de ochenta años dijo, “cuando nos abruman los festejos, nos esfumamos”.

Isidora con la niña vestida y en sus brazos miró a su madre y preguntó, ¿por qué tuvo que ser un hombre?

-Porque los hombres inventaron el conteo de los años. Contestó la anciana.

 

 

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One thought on “Cumpleaños surrealista

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