Por mis pulgares

 

Vivimos en cuevas de la montaña. Es una montaña de roca ubicada al centro de la selva y nos ha cobijado desde que tenemos memoria.

Estamos cercados por una vegetación exuberante que se enmaraña entre  arboles gigantes.

Somos seres pequeños, un metro veinte de estatura, nuestros pies poseen una suela dura para protegernos de las espinas, de los gusanos e insectos venenosos que abundan en nuestro suelo, un suelo siempre húmedo.

Mi trabajo es estudiar fósiles. En este momento estamos excavando cerca de la poza de Xenofanoli, la poza estuvo por miles de años contaminada pero, hoy es fuente de agua dulce de muy buen sabor.

En este sitio encontramos fósiles de Homo Sapiens. 
Los Homo Sapiens habitaron la tierra más de 60 millones de años atrás. La forma de sus cuerpos eran semejante a los nuestros pero en la mano poseían un dedo pulgar, oponible a los otros cuatro dedos, lo que les permitía agarrar, apretar y maniobrar herramientas con mucha facilidad.
También pensamos, por la variedad de objetos encontrados, fue una sociedad avanzada, con variada tecnología.

Este hallazgo de fósiles viene a respaldar la idea de una involución, pues, los Homo Sapiens fueron seres anteriores a nosotros, mucho más ágiles y mejor equipados que nosotros. Al parecer, en un punto de su evolución, debido a una elevación de dióxido de carbono en la atmósfera, se produjo una involución genética y el resultado de esto, somos nosotros.

Por otra parte Orionis, una colega, presentó la noción del pulgar prensible, el dedo pulgar que estos seres poseían, y que en nosotros se encuentra atrofiado, indicaría ser la causa de la extinción de los Homo Sapiens, pues el pulgar los hizo muy hábiles para hacer manualidades y quizá llegaron a desarrollar demasiado tecnológica que a la larga los destruyó.

Llueve. Ha comenzado la estación de lluvia, el aire se enfría mientras dura el aluvión, luego, un vapor caliente sube desde el llano, es un vapor pegajoso con olor a plantas y cuanta vida orgánica guarda la selva.

Dos días atrás fuimos a revisar un ideográfico que quedó al descubierto por un desprendimiento al lado oeste de la montaña.
Los signos sobre la piedra me maravillaron ,“ w naszym własnym domu zabiliśmy“ Estoy muy intrigado por los signos en el pedazo de roca, decidí mostrárselo a Orionis, sin embargo ella no pudo descifrar el ideográfico. Me sugirió la meditación para comunicarme con quien los escribió. Lo haré.

Hoy vino Orionis y como siempre hablamos del tema que más nos ocupa, los homo sapiens. Esta vez fue la música en la vida del homo sapiens, ella me enseñó unas partituras. Me habló de la importancia de la música en esa cultura, me contó que se crearon toda clase de ritmos y la vida sin música era casi inconcebible.

Ninguno de nosotros podrá ejecutar las notas  de esta música, suspiró Orionis, nuestra música es monótona. La usamos para relajarnos, picando con la uña del dedo mediano las tres cuerdas sobre un trozo de madera ahoyada.

Cuando ella se fue, busqué mi instrumento de tres cuerdas, piqué las cuerdas con mi mente centrada en el ideográfico de la roca. Cerré los ojos. Una circunferencia roja anaranjada giró frente a mí, sentí mi cabeza ardiente y un estupor me envolvió. Al abrir los ojos vi un lugar diferente, montañas como estas donde vivo, pero también  un valle plantado de mieses.
 Al pie de la montaña descubrí una construcción de piedra.

El sonido del viento escuché una voz fina, lamentándose con infinito dolor. Dentro de la construcción de piedra vi a una niña, la vi coger de debajo de su cama una cuchara y comenzar a escribir en la roca, raspando ansiosa su mensaje : w naszym własnym domu zabiliśmy.  Entró un soldado con una calavera en su casco y la ropa desgarrada.

La niña imploró por su vida, él apuntó su arma y disparó, luego se acercó a la pared y leyó el mensaje.

Mi mente se sintió presa de una increíble emoción, me di cuenta que estaba en la presencia de un tiempo que me mostraba el sufrir de los homo sapiens. Fue como si los fósiles que excavamos en la poza de Xenofanoli recobraran sus carnes y me tocaran con sus manos tibias.

Comprendí que testificaba un tiempo de dolor, de angustia,. un tiempo caótico, donde se mezclaba el espíritu de la vida y el deseo por morir. Era la hora de implorar, de traicionar, de maldecir, el gris y el verde eran los colores de la tristeza.

Cuando volví a tener conciencia de mi entorno ya comenzaba a romper un nuevo día.

 

Sabemos que en la tierra hubo millones de años de agresividad, vivieron a merced de creencias separatistas y belicosas.

En nuestra sociedad lo más sagrado es la vida, es por esto que no tenemos violencia de ninguna índole. Nuestra sociedad se estratifica por orden de necesidad para vivir. Las profesiones más valoradas son: la del colector de agua, la del colector de frutos, la del cazador, luego vienen los cocineros, los albañiles, los tejedores y los curanderos. Ambos sexos realizan estas tareas pues en nosotros no hay dimorfismo sexual. Debo anotar que todos los trabajos son importantes y respetados pero los nombrados son el cimiento de nuestra vida ya que sin estos no prevaleceríamos.

Este planeta es inhóspito y peligroso, es el legado de las especies que lo habitaron anteriormente. La geografía y la fisonomía de la Tierra ha cambiado en diferentes edades y sus habitantes ha sido destruidos muchas veces. Es un planeta que continuará cambiando de una manera u otra.

 

Han pasado los días y mi curiosidad por descifrar el ideográfico escrito por esa niña me obsesiona. He decidido encontrar al soldado que lo leyó y preguntarle por significado del mensaje.

Regreso al valle de la casa de piedra, tomo la senda de un camino polvoriento. Un soldado caminaba con su ropa desgarrada, lo sigo y veo la calavera en su casco, ¡es él! Pero, de pronto, aparece gente, sujetan palos muy firmemente y se abalanzan sobre el soldado, golpeándolo hasta que queda en el camino para comida de los buitres.

Me separé de ese lugar donde una niña, 33 millones de años atrás, escribió un ideográfico que no logramos descifrar.

Yo… observo mis pulgares y un negro presentimiento se apodera de mí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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