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Esa vez ella estaba atribulada por un sinfín de problemas, la escuché con atención y traté de encontrar palabras de consuelo.

Salimos a pasear por el parque, cerca de mi casa. En un momento ella se adelantó y cuando  la alcancé le vi la cara angustiada. Me confesó que se sentía cansada de sí misma.

Encendió un cigarro y aspiró muy hondo.

Regresamos a mi casa, yo recogí unas pocas prendas y partí a quedarme con ella.

Casi anocheciendo llegamos a su alojamiento, una casa de dos pisos. Al entrar me encontré en la cocina; en la sala, adyacente a la cocina, había unas mujeres  conversando.

La casa necesitaba renovación, los artefactos de la cocina se veían sucios, gastados.

Apareció la patrona, mi amiga le preguntó si yo  podía quedarme; a modo de respuesta, la mujer se encogió de hombros, luego se fue a la sala a cuchichear con las otras.

—Ella es la Juana Cortés.

La casa estaba dividida en cuartos escuálidos. Una mujer  salió de uno de los cuartos, hizo un gesto a modo de saludo y se sentó a la mesa, cerca de nosotras, a esperar que hirviera la tetera.

Hacía calor.

—Te agradezco que hayas venido a compartir esta mierda conmigo.

Pasamos a la sala y nos sentamos junto a las otras.  De pronto golpearon a la puerta, eran unos hombres. Entraron y se sentaron en la sala. La Juana Cortés fue a la cocina, abrió el destartalado refrigerador y sacó unas botellas de cerveza. Los hombres comenzaron a beber y conversar entre ellos del último partido de fútbol.

No sé cómo pasó, no me di cuenta, pero vi a mi amiga subiendo la escalera con uno de los hombres. La seguí con la mirada y en el recodo de la escalera ella lo tomó de la mano.

En qué momento engancharon. Cómo fue que  su mirada triste, su cuerpo magro despertó el deseo en este hombre.

Regresaron al poco rato. Antes de irse él le dijo algo que no escuché. Ella volvió a sentarse a mi lado, se reclinó hacia atrás y cerró los ojos. Tenía más tristeza que antes. Sentí la necesidad de amortiguar la indiferencia de su mundo, tomé su mano, queriendo purgar afuera su dolor.

Ella entreabrió los ojos… Ahora yo lo sabía.

 

 

 

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