Mi padre se despide con un beso, me aconseja obedecer a mi madre, se abrocha el abrigo y se va.

Los días pasan rápido y, en menos tiempo de lo que yo imaginé, mi padre regresa contento, relajado, quizá hasta cariñoso con mamá.

Desde su último viaje me percato de que papá comienza a tomar cuidado de su apariencia, viste mejor, se ve más joven.

Ha comenzado a llamar por teléfono, cerrando la puerta de su dormitorio, mientras mamá prepara la cena en la cocina.

Ayer me sorprendió hurgueteando los bolsillos de su chaqueta, yo buscaba un lapicero y se enfadó mucho, nunca antes esto lo había molestado; me prohibió hacerlo de nuevo.

Papá ha vuelto a su malhumor. Hay una situación cada día más tensa en mi casa.

Ahora regresa muy tarde de su trabajo y nosotras cenamos solas casi todas las tardes…

De vueltas del colegio, debo dedicar esta tarde a estudiar, mañana tengo una prueba.

Subo al ático, necesito unos apuntes del año pasado; siempre subo con temor, porque pienso en la posibilidad de ver un ratón y la idea me asusta.

Al abrir la puerta del ático, como un relámpago en tormenta veo a mi padre colgando de la viga del techo. No recuerdo más.

Me he quedado tan triste y sola… Los abuelos y los tíos están ocupados consolando a mamá. Yo espero.

Por fin estamos todos listos para irnos a la iglesia.

Mi madre y yo ocupamos la primera fila. El cura esparce incienso alrededor del ataúd y una mosca intoxicada choca contra la corona de flores.

Mi madre llora desconsoladamente, mi corazón calla.

 

Los primeros meses de la relación amorosa son de felicidad, es una sensación que me torna empático, amable. Me siento como un muchacho que descubre la libertad personal por primera vez. Estoy en la gloria.

Con el paso del tiempo nada es tan claro y diáfano como al comienzo. Ahora camino sobrecogido por una mala conciencia entre mi hogar y la casa de mi amante. El amor de mi amante me motiva a ser yo mismo y el de mi mujer me hace sentirme un desgraciado.

En la cama no respondo.

Ella agenda una visita al psicólogo. Voy gustoso porque necesito ayuda para enfrentar a mi esposa y acuno la esperanza de que el psicólogo me ayude.

Después de unas sesiones me descorazono, el psicólogo toma el camino equivocado y me califica de estresado, me aconseja relajarme y atender las necesidades de mi mujer.

Decido continuar acorralado en el mundo familiar, forzado a cumplir con mis deberes de esposo y esconder mi intimidad.

La luz de la calle cae sobre el sofá. Marco no aparece. Los caprichos de este muchacho me extenúan. Unos días atrás Marco me comunicó su decisión: debo elegir, mi familia o él, si lo quiero debemos vivir juntos o cada cual sigue su camino.

Marco es un mal agradecido, por su amor le miento a mi familia, estoy lleno de  contradicciones; hasta el psicólogo está frustrado con mi actitud.

¿Dónde se arrojan los sentimientos? ¿Se dejan a merced del tiempo para que éste los borre o se registran ante un Dios que te exige encubrirlos a cambio de su curación?

Ya no soporto esta situación, paso mis días esperando que me llame, la mayoría del tiempo Marco no lo hace y mi corazón es un corcho que flota hacia el precipicio…

Continúo esperándolo, por si regresa…

 

 

 

 

 

One thought on “Líneas paralelas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s