La noche antes del poder

La noche está estrellada, huele a vida renovada, a primavera.

Mañana será un día espectacular, todo está sincronizado y las alianzas confirmadas. Cuando me levante caminaré hacia la gloria del poder.

Los caudillos aparecemos en democracia, pero al suprimirla cumplimos el sueño de pasar a la historia del mundo.

Seré un dictador, yo, un tipo tan mediocre que el presidente me ha confiado las riendas del ejército por considerarme un mamerto, incapaz de hacer nada más que recibir órdenes. Soy el menos apto, pero el más ambicioso. Él nunca imaginó que mi puesto atraería a los buitres del norte, esos que husmean a la distancia. Ellos olfatearon el descontento de los privilegiados por la chusma desordenada y pueril.

El odio arde  en mi boca.

Para llegar al poder se necesita el discurso, hay que hablar con convencimiento, hay que tener odio en el alma y hay que elegir un grupo a quien difamar y atacar.

Mañana a los humillados de siempre los pisaré como a cucarachas.

Estoy seguro: ni uno de mis soldados me fallará, ni los marinos, ni los aviadores, ni la policía, todos están bien indoctrinados. Les hemos creado un enemigo de la patria y están sedientos por dar la batalla para liberar a este terruño idealizado, este terruño lleno de soldados mistificados, patriotas que lucharon por la libertad, sin que nadie sospeche que lucharon para resguardar los intereses de los terratenientes criollos.

La noche está estrellada y titilan los astros a lo lejos… escribió Neruda, un comunista, un enemigo; hermosas palabras sin contenido… Los poetas son vendedores de aire caliente.

Me quedaré despierto esta noche, vestido de campaña, estoy ansioso por dar el golpe.

Cuando pequeño, en el campo, mataba pajaritos de un hondazo. Tengo fe de que no he perdido mi puntería, voy a derribar a este sistema democrático, voy a darle justo en el punto para que se desplome con efecto dominó.

La historia se repite, la erradicación de rata es algo que debe hacerse de tiempo en tiempo. Las ratas rojas, sí señor, peor que los mismos judíos, ratas que se unen para tomar el sacrificio ajeno y burlarse del empresariado.

Me hierve la sangre saber que han invadidos nuestros barrios, nuestros balnearios, nuestros colegios, ratas, ratas rojas. Quieren arrasar con la diferencia de clase entre los de arriba y los de abajo.

Gracias a Dios, al amanecer estaremos en las calles y ellos en las alcantarillas, escondidos, huidos… Las ovejas retomarán su lugar.

No más tribuna para los intelectuales rojos, ni para los pervertidos homosexuales o las putas sucias. Mañana comenzará el orden, de nuevo.

 

 

 

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