El día que Dios escuchó las cuitas

escanear

original dude MB, a los 7 años

 

 

 

 

 

 

 

 

Un día Dios estaba sentado pensando que ya era hora de actuar. En este mundo celestial, se dijo, vivo solo y aburrido, es hora de sacudir este tedio que  la inactividad me produce. Vivo alejado para ser misterio, y sin embargo, gracias a los sacerdotes que implantan mi nombre en sus cabecitas, soy para los Hombres lo más imperecedero.

Para empezar, ordenó a sus ángeles que se presentaran inmediatamente.

—Es el momento de volver a la tierra —les anunció Dios.

Los ángeles, que se habían vuelto gordiflones e indolentes,  movieron sus alitas y emitieron un pequeño suspiro de fastidio.

—Yo soy el jefe —dijo Dios—, y me he aburrido de esta  holgazanería. Se acabó, voy a actuar. Y vosotros, a afilar las espadas y a practicar. Luego vais a leer los libros de las cuitas de los Hombres, pues he decidido escucharlas.

Los ángeles guardaban en sus aposentos fichas hechas de piedra, de madera, de caparazón de tortuga, de pergamino, de papel, emails, todo el dolor de los Hombres estaba perfectamente clasificado y ordenado, siglo tras siglo. Una vez completada la tarea encomendada  los ángeles se dirigieron a la cámara celestial y así hablaron a Dios:

—Señor nuestro, hemos cumplido con la misión impuesta, hemos leído todo, desde vuestro devenir a ser un Dios único y omnipotente, y podemos deciros que los dolores que afligen a los Hombres a través de los siglos, son los mismos, generación tras generación“.

—Enumerádmelos —pidió Dios.

—Las cuitas de los Hombres provienen de que son ignorantes y por tanto injustos, la injusticia trae desigualdad, y la desigualdad trae guerras, hambre, traición, concupiscencia, dolor. El Hombre sufre por su ignorancia.

Entonces Dios los envió a la tierra a remediar cada una de las cuitas de  los Hombres. Los ángeles cabalgaron en caballos alados, entraron en los gobiernos, en las empresas, en los ejércitos, y cortaron cabezas. Mataron a los usureros, a los impuros, a los falsos religiosos y a los falsos profetas.

—¡La ira de Dios! —gritaba la gente en todos los idiomas, porque  quien había traído dolor a su prójimo yacía muerto, traspasado por la espada de los ángeles de Dios.

—¡Dios existe! —gritaban los incrédulos—. ¡Dios existe!

Cuando no quedaba más que un puñado de incrédulos y de creyentes, repartidos por la tierra, Dios llamó de vuelta a sus ángeles.

—Es hora de detenerse —les  ordenó.

—Pero señor —protestó el jefe de los ángeles—, entiendo que hayáis salvado a los creyentes, pero ¿a los incrédulos?

Dios dudó un instante. Luego, con voz firme declaró:

—El ciclo debe comenzar de nuevo: los creyentes y los incrédulos  poblarán  la tierra de gente ignorante, habrá guerra y arte,  hambre y  usura, y en cuanto a vosotros, comenzad  a almacenar sus cuitas siglo tras siglo, hasta el día que yo quiera escucharlas.

2 Comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s