Amor de arcilla

 

 

Ese amor hecho de arcilla,

 

rojo en el crepúsculo de la tarde.

 

Alfarera fui en tus brazos y a mi gusto

 

moldie tu cuerpo enamorado.

 

Dos figuras maleables entre las sabanas,

 

dos artistas en  un escenario

 

recitando elocuentes parlamentos de enamorados.

 

Dolor…

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En la oscuridad de la guarida y a la lumbre del fuego,

fantaseamos ver hostiles gigantes en la pared.

 

Se apilan los cadáveres de seres humillados,

todos arrancados del curso natural de su vida o muerte.

 

Víctimas inocentes horrorizan

la historia de nuestra humanidad.

 

 

Acuérdate

 

Acuérdate del vino,

de esos besos,

del bisbiseo en tu sangre

en las noches embriagadas de abrazos.

Acuérdate de la luna en nuestra ventana,

del aliento a jazmín en la brisa,

y de nuestra energía

encendiendo estrellas, acuérdate!

Bosque joven

 

 

 

 

 

 

Árbol sin nudo en los brazos,

las ramas se topan o se apartan

al vaivén del viento.

Lleno de oxígeno y de sol

es el brote y desde la raíz crece

a beneficiar el mundo.

 

Amigas

 

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Esa vez ella estaba atribulada por un sinfín de problemas, la escuché con atención y traté de encontrar palabras de consuelo.

Salimos a pasear por el parque, cerca de mi casa. En un momento ella se adelantó y cuando  la alcancé le vi la cara angustiada. Me confesó que se sentía cansada de sí misma.

Encendió un cigarro y aspiró muy hondo.

Regresamos a mi casa, yo recogí unas pocas prendas y partí a quedarme con ella.

Casi anocheciendo llegamos a su alojamiento, una casa de dos pisos. Al entrar me encontré en la cocina; en la sala, adyacente a la cocina, había unas mujeres  conversando.

La casa necesitaba renovación, los artefactos de la cocina se veían sucios, gastados.

Apareció la patrona, mi amiga le preguntó si yo  podía quedarme; a modo de respuesta, la mujer se encogió de hombros, luego se fue a la sala a cuchichear con las otras.

—Ella es la Juana Cortés.

La casa estaba dividida en cuartos escuálidos. Una mujer  salió de uno de los cuartos, hizo un gesto a modo de saludo y se sentó a la mesa, cerca de nosotras, a esperar que hirviera la tetera.

Hacía calor.

—Te agradezco que hayas venido a compartir esta mierda conmigo.

Pasamos a la sala y nos sentamos junto a las otras.  De pronto golpearon a la puerta, eran unos hombres. Entraron y se sentaron en la sala. La Juana Cortés fue a la cocina, abrió el destartalado refrigerador y sacó unas botellas de cerveza. Los hombres comenzaron a beber y conversar entre ellos del último partido de fútbol.

No sé cómo pasó, no me di cuenta, pero vi a mi amiga subiendo la escalera con uno de los hombres. La seguí con la mirada y en el recodo de la escalera ella lo tomó de la mano.

En qué momento engancharon. Cómo fue que  su mirada triste, su cuerpo magro despertó el deseo en este hombre.

Regresaron al poco rato. Antes de irse él le dijo algo que no escuché. Ella volvió a sentarse a mi lado, se reclinó hacia atrás y cerró los ojos. Tenía más tristeza que antes. Sentí la necesidad de amortiguar la indiferencia de su mundo, tomé su mano, queriendo purgar afuera su dolor.

Ella entreabrió los ojos… Ahora yo lo sabía.

 

 

 

Suposiciones de Rubén

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A las nueve de la noche apareció el vecino, venía a conversar un poco y tirar unas cartas. Rubén fue de inmediato por ellas y se sentaron a la mesa para jugar a la brisca.

En un momento del juego el vecino le comentó que su mujer lo tenía enfermo de los nervios… Rubén supuso que un día el vecino la mataría.

“Paciencia”, dijo en voz alta refiriéndose a su mala suerte, no había ganado ninguna partida.

“Difícil tenerla”, respondió el vecino refiriéndose a su esposa, y tiró el As de triunfo a la mesa.

El vecino se fue y Rubén se tomó un somnífero porque supuso que le tomaría tiempo dormirse, se durmió en cuanto puso la cabeza en la almohada. Cuando se despertó aún estaba oscuro, supuso que había dormido sólo un par de horas, leería. Al poco rato de lectura se quedó nuevamente dormido. Se despertó con la cabeza abotagada, supuso que había dormido demasiado. Poniéndose la bata y sus pantuflas se acercó a la ventana y descorrió la cortina, aún estaba oscuro. Resolvió buscar el único reloj que tenía y lo encontró en el lugar menos pensado, sobre el botiquín del baño. Agarró el reloj, vio, ¡las diez de la mañana!

Caminó de regreso a su dormitorio y encendió el televisor, a las 10 AM veía el noticiero matinal, en la pantalla había una lluvia de píxeles. Entonces se dirigió a la puerta de calle, suponiendo que el sol, como cada día, alumbraría…